BRASILIA.- Tras el triunfo que la consagró como la primera mujer en la Presidencia de Brasil, Dilma Rousseff enfrenta acaso el mayor reto de su vida: a partir del primer día de 2011, cuando asuma el poder, deberá mostrar mucha habilidad para llenar el vacío que deja el presidente, Luiz Inácio "Lula" da Silva (más de 80% de popularidad) y manejar el pujante protagonismo internacional, la complicada gobernabilidad interna y los enormes desafíos económicos y sociales de Brasil.
La heredera de Lula, de 62 años, fue electa con casi 56 millones de votos, 10 millones más que su adversario, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), José Serra.
Visiblemente emocionada al agradecer a Lula -a quien, según dijo, acudirá con frecuencia durante su gobierno-, Rousseff delineó su proyecto: una política económica responsable que priorice crecimiento económico y control de la inflación, y el "compromiso fundamental de erradicar la miseria", en la que viven 20 millones de brasileños.
Con una aplastante mayoría en el Parlamento, Rousseff debe encuadrar a sus 10 partidos aliados y de formar un gabinete de transición, en el que seguramente estarán ministros de peso del actual Gobierno. "Rousseff formará un gobierno con un equipo competente, con criterios técnicos y de gobernabilidad; es decir, con distribución de la participación entre los partidos aliados", adelantó José Eduardo Cardozo, secretario general del Partido de los Trabajadores (PT) y coordinador de la campaña.
Debut internacional
Rousseff comenzará a mostrarse en el ámbito internacional, una esfera en la que Brasil ganó importancia en los últimos tiempos (aspira a ser la quinta economía del mundo en pocos años; hoy es la octava). La próxima semana la presidenta electa acompañará a Lula a la Cumbre del G20, en Corea del Sur, que reunirá a las grandes economías industrializadas y emergentes.
Hasta su último día de gestión (1 de enero), el ex obrero metalúrgico participaría de varios foros a los que quiere llevar a su heredera, entre ellos la cumbre Sudamericana (Georgetown), la del Clima de la ONU (México), y una reunión del Mercosur ampliada (Brasil), en diciembre.
Lula le deja a Rousseff el sueño dorado de cualquier presidente electo: amplia mayoría en el Parlamento, expansión del PIB que superará 7% en 2010 y una población satisfecha con las mejoras del nivel de vida de los últimos ocho años, cuando casi 30 millones de brasileños salieron de la pobreza. Pero también deja fragilidades económicas, sociales, educativas y sanitarias.
Como primer paso, Rousseff, nombró ayer un equipo de transición de siete miembros, compuesto principalmente por elementos moderados del PT. Entre estos, Antonio Palocci, respetado ex ministro de Hacienda de Lula, muy popular en Wall Street, que posiblemente ocupe la jefatura de gabinete en el futuro Gobierno de Rousseff. (AFP-NA-Reuters)